La Liga es una organización de militancia social que nació para promover valores cívicos y democráticos y para impulsar una ética laica común y compartida entre personas de diferentes creencias y culturas.

Somos una organización con afanes de transformación y progreso humano y social, en los que la educación cívica y la cultura al servicio del pueblo se sitúan como condición imprescindible para liberar a las personas y abrirles la senda de la conquista de los Derechos Humanos y de la democracia como sistema de vida y de gobierno.

Nuestras raíces se encuentran en el marco del movimiento reformista, ilustrado, progresista, modernizador y laico que vivió la sociedad española durante el último tercio del siglo XIX y parte del XX. La Liga de la Educación formaba parte de un movimiento histórico que, desde finales del siglo XIX, promocionó la idea ilustrada de la educación como “condición imprescindible para el progreso humano en su lucha contra la superstición y la ignorancia que tenían reducida a la especie humana a una situación de permanente minoría de edad” (Kant). Ese movimiento también defendió que solo una escuela pública, gratuita y laica haría posible ese derecho para todo el pueblo. Esta es la herencia que hemos recibido y que queremos desarrollar conforme a las exigencias de nuestros tiempos.

La educación, nuestra prioridad

Luchamos para que el derecho de todas las personas a la educación sea una realidad. Podemos contribuir a ello, pese a que no tengamos la responsabilidad institucional que obliga a los poderes públicos a intervenir para garantizar este derecho. Efectivamente, la educación no es responsabilidad sólo del Estado y de la escuela, porque estas dos instituciones no pueden lograr los fines que les corresponden sin el aliento, la contribución y la participación del resto de los agentes sociales relacionados con el sistema educativo.

Este derecho fundamental no consiste solamente en disponer de una plaza escolar, pública gratuita y de calidad – lo cual consideramos como la condición de partida insustituible-, sino en lograr también el éxito escolar, cuestión todavía más compleja. Sabemos que el sistema educativo de una sociedad desigual como la nuestra contiene factores importantes de discriminación. Favorece a los favorecidos y ofrece escasas posibilidades a los desfavorecidos, que son habitualmente los que experimentan el fracaso escolar. Esta situación no termina en la escuela, porque al salir de ella el destino laboral, profesional y social queda definitivamente sentenciado para la inmensa mayoría.

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