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Cinco propuestas para trabajar la convivencia


A convivir y cooperar solo podemos aprender poniéndolo en práctica. Para facilitar las relaciones desde la igualdad y el respeto, reunimos cinco recursos e iniciativas de distintos programas de la Liga que inducen a la reflexión, y que educadoras y profesorado pueden utilizar en sus proyectos, aulas y ludotecas para participantes de distintas edades.

1. Emocion-Arte, o usar la creatividad para mejorar la convivencia dentro del aula. Para niños y niñas de 6 a 15 años. Esta actividad, desarrollada en la Liga y llevada a cabo en nuestros proyectos de barrios, busca trabajar la inteligencia emocional, el consenso, la comunicación no violenta y la resolución pacífica de conflictos en clase. Se hacen tres sesiones por grupo que duran de 50 minutos a una hora cada una, y se utilizan actividades de artes plásticas o de otro tipo para tratar distintas temáticas. Alba Pérez Vidal, técnica de la Red Integral de Alcalá de Henares, explica: “Por ejemplo, con materiales de manualidades, palitos y pinturas, pedimos al alumnado que creen una casa que ellos y ellas se imaginen, y que esté adaptada a personas muy diversas, por ejemplo alguien con silla de ruedas”.

“Dentro de cada aula surgen distintos conflictos y necesidades”, prosigue Pérez Vidal, “por eso adaptamos el contenido de los talleres dependiendo de estas. Estos conflictos se detectan simplemente estando dentro del aula, viendo cómo se relacionan unas con otros, y también cómo no se relacionan. Por ejemplo, el otro día con un par de niños de quince años que asumían una postura muy violenta, con ese rol de disruptivos totalmente asumido. Así que en la clase siguiente trabajamos cómo cambiar esos roles. En vez de facilitarles ese papel riñéndolos todo el rato, les dimos uno más positivo, de forma que siguieran sintiéndose protagonistas, pero sin tener que usar la violencia para ello”.

2. Un chute de autoestimaPara todas las edades. En esta actividad, utilizada en la Red de Escuelas Interculturales, cada uno de los y las niñas participantes se pegan un papel en la espalda. En él, todos y todas escriben mensajes positivos anónimos sobre lo que les gusta del portador o portadora. Así, al quitarse la hoja, todos y todas las participantes tienen una lista de rasgos buenos que les ayudará a darse cuenta de lo valiosas y valiosos que son. Esta actividad también puede hacerse con sobres: cada participante tiene un sobre con su nombre; los demás escriben notas positivas con algo que les guste de esa persona y los introducen en el sobre. El objetivo es reforzar e impulsar el bienestar y la confianza en sí mismos de los y las participantes.

3. Desconecta del maltratoPara niños y niñas de 12 a 17 años. El Centro Juvenil de Orientación para la Salud de Sevilla realizó en verano este taller para prevenir el maltrato entre adolescentes del Polígono Sur, trabajando las redes sociales como un vehículo más de la violencia de género. “Trabajamos cómo se construye lo masculino y lo femenino como vivencias diferenciadas de las expectativas amorosas, miramos la prevención de la violencia y los mitos de amor romántico, y las redes sociales como transmisoras de esos modelos de pareja y como una nueva herramienta de control para ejercer la violencia sobre la pareja”, explica Nuria López León, trabajadora de la LEECP-Liga Sevillana.

Las sesiones, realizadas con grupos de niños y niñas separados por tramos de edad, duran entre una hora y media y dos horas. “Uno de los ejercicios que hicimos es el barómetro de valores: tú les das una frase y ellos y ellas se tienen que posicionar. A partir de ahí les vas corrigiendo, dándoles teoría para guiarlos, y haciéndoles reflexionar. Por ejemplo, les decimos, ‘un móvil te pertenece a ti, es tu intimidad, y si lo compartes además expones la intimidad de las personas que comparten contigo’”.

Los grupos pueden ser mixtos, o estar separados por género. Esta segunda opción puede hacer sentir más seguras a las niñas a la hora de compartir vivencias propias, y poner menos presión sobre los niños a la hora de sentir que tienen que demostrar su masculinidad. “Queremos repetir estos talleres en centros escolares durante el curso”, remata López León.

4. Clases de inglés para motivar el aprendizaje en equipo. Para todas las edades. Las técnicas de la Red Integral de San Cristóbal de los Ángeles saben que las clases de inglés son una necesidad cada vez más universal. Enseñar este idioma dentro de programas de interculturalidad tiene el doble beneficio de mejorar los conocimientos de los y las alumnas, y fomentar las buenas relaciones y el trabajo en equipo. Las clases de adultos surgieron porque existe, además, una demanda entre madres y padres para ayudar a sus hijos a hacer los deberes y que rindan mejor en la escuela. “Nosotros utilizamos el inglés como herramienta para fortalecer el entendimiento, para crear puentes entre la gente autóctona y la gente migrante”, explica Zakia El Khamlichi, técnica del programa y profesora de inglés.

Los grupos se organizan por tramos de edad, desde primero de primaria hasta grupos de secundaria y las clases de adultos. “Hacemos manualidades para fortalecer el aprendizaje del vocabulario y la expresión, trabajamos vídeos, textos, libros o cuentos, creamos pequeñas obras, buscan información… el objetivo es crear un ambiente divertido y ameno donde se trabaja también el respeto, la responsabilidad y la cooperación entre iguales. Intento que se ayuden entre ellos, así cuando estoy atendiendo a alguien, otros pueden atender a un compañero o compañera”, dice El Khamlichi. Para los adultos, por su parte, “es un espacio de encuentro para compartir experiencias, inquietudes, y aprender de situaciones reales haciendo hincapié en la conversación”.

5. Intercambio de experienciasPara niñas y niños de 0 a 3 años. Desde hace tres años, la Casa de Niñas y Niños Maestro Claudio en Valladolid organiza un intercambio de su alumnado con el Centro Obregón, una escuela especializada en educación para personas con diversidad funcional motórica e intelectual. “Se organizan cinco o seis jornadas de intercambio”, dice Pilar López Parilla, profesora en el centro. “El primer contacto se hace con una visita de los niños del Centro Obregón; participan en la asamblea de la mañana, hacen juego libre y salen al patio. En las siguientes sesiones hacemos otras rutinas; el año pasado hicimos actividades de música, receptivas y participativas; otros días los visitamos nosotras a ellos con las familias…”. Así, los y las pequeñas entran en contacto y naturalizan realidades distintas a la suya.

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