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El proyecto REEDI3. Recursos y Estrategias para una Educación Digital Inclusiva ha llegado a su cierre tras un año de trabajo centrado en comprender cómo viven la digitalización las/os adolescentes y qué desigualdades atraviesan hoy sus experiencias digitales. Impulsado por la Liga Española de la Educación y la Cultura Popular y financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 a través de la asignación tributaria del 0,7 %, el proyecto ofrece una lectura amplia y situada de la inclusión digital.

Un proceso de investigación y acción educativa

REEDI3 se ha desarrollado a partir de una metodología mixta que combina investigación cuantitativa y cualitativa con un enfoque participativo. En total, 838 personas participaron en la parte cuantitativa, compuesta por un cuestionario inicial y un instrumento gamificado mediante el juego educativo XploraDigi. A esto se suman 13 talleres con 235 adolescentes, 5 talleres con 44 familiares y 18 entrevistas a profesionales de contextos educativos, socioeducativos y de atención a la diversidad.

El diseño del proyecto ha buscado evitar una lógica extractivista: las herramientas utilizadas —como el cuestionario gamificado o los talleres— no solo recogen información, sino que funcionan también como espacios educativos y de reflexión compartida.

Principales aprendizajes del diagnóstico

Los resultados del informe final muestran que la desigualdad digital adolescente ya no se expresa principalmente como falta de conexión, sino como diferencias en las oportunidades reales de aprendizaje, autonomía y desarrollo de competencias transferibles. Aunque el acceso a internet y al teléfono móvil está ampliamente extendido, persisten brechas importantes en las condiciones materiales, en la diversidad de prácticas y en el reconocimiento de las propias capacidades digitales.

Uno de los hallazgos del proyecto gira en torno a las competencias diferentes que se entrenan en los distintos ecosistemas de uso. No todos los entornos ni todas las plataformas entrenan las mismas competencias: los perfiles de uso más diversos o comunitarios tienden a activar habilidades técnicas y relacionales específicas —como la resolución de problemas o la coordinación entre iguales—, mientras que los ecosistemas de uso más concentrados ofrecen menos oportunidades para desarrollar competencias transferibles al ámbito educativo.

El análisis pone también el foco en el papel central de las mediaciones adultas. En el ámbito familiar, el acompañamiento digital está fuertemente condicionado por el tiempo disponible, la conciliación, el capital educativo y la autopercepción de competencia tecnológica. En el ámbito profesional, educadoras/es y otros agentes actúan como nodos clave del ecosistema digital, pero lo hacen con márgenes de intervención limitados por ratios elevadas, recursos desiguales y sobrecarga organizativa.

De la investigación a los recursos educativos

Más allá del diagnóstico, REEDI3 ha generado recursos pensados para su uso directo en contextos educativos y familiares. El juego XploraDigi ha funcionado tanto como instrumento de investigación como herramienta educativa reutilizable, y los talleres con familias han dado lugar a materiales divulgativos que recogen preocupaciones reales y estrategias posibles para el acompañamiento digital.

Esta lógica de devolución y transferencia refuerza uno de los principios del proyecto: la investigación social cobra sentido cuando genera conocimiento útil y compartido, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad.

Un cierre que abre líneas de continuidad

El cierre de REEDI3 consolida una línea de trabajo que invita a desplazar el foco del debate público sobre la adolescencia digital: del alarmismo al análisis estructural, y del control al acompañamiento. Los resultados del proyecto ofrecen una base empírica para orientar políticas públicas, prácticas educativas y futuras intervenciones socioeducativas dirigidas a promover una educación digital más equitativa, crítica y ajustada a la diversidad de experiencias adolescentes.

Con este diagnóstico, la línea REEDI reafirma su apuesta por comprender la digitalización como un fenómeno social complejo, atravesado por desigualdades, mediaciones y contextos, y no como un problema individual de uso o de actitud.