El apego es el vínculo emocional profundo que se construye entre niñas, niños y las personas adultas que les acompañan y cuidan. Un apego seguro favorece el desarrollo emocional, la autoestima, la confianza y la capacidad de relacionarse de forma sana con los demás. Aunque este vínculo se construye en el día a día, dedicar tiempos y actividades conscientes en familia puede reforzarlo de manera significativa.
Desde su amplia experiencia, el Espacio de Recursos para la Infancia y la Familia (ERIF) de Fuenlabrada (Madrid) propone algunas actividades sencillas para trabajar el apego desde lo cotidiano, el juego y la palabra compartida.
1. Caja de recuerdos familiares
Crear una caja de recuerdos es una actividad emocionalmente muy potente. Puede ser una caja decorada entre todas las personas de la familia en la que se guarden fotos, dibujos, entradas de cine, notas, pequeños objetos o recuerdos de momentos importantes.
- Invita a niñas y niños a contar qué recuerdan de cada foto u objeto.
- Comparte anécdotas, emociones y vivencias asociadas.
- Refuerza la idea de historia común y pertenencia..
Esta actividad ayuda a construir identidad, seguridad emocional y un sentimiento de continuidad en el tiempo.
2. Ritual de tiempo diario o semanal
Los rituales aportan previsibilidad y seguridad, dos pilares clave del apego. No se trata de grandes planes, sino de un tiempo breve pero con dedicación plena (entre 10 y 20 minutos) en un espacio sin distracciones.
Algunas ideas:
- Leer juntas/os antes de dormir.
- Charlar tranquilamente al final del día.
- Jugar a algo elegido por la niña o el niño.
Lo importante es que ese tiempo sea constante, que la persona adulta esté presente de verdad y que el mensaje implícito sea: “Este momento es solo para ti”.
3. Juego cooperativo o de construcción
El juego compartido es una vía privilegiada para fortalecer el vínculo. Los juegos cooperativos, en los que no hay ganadores ni perdedores, fomentan la colaboración, la comunicación y la confianza mutua.
Un ejemplo sencillo es plantar una maceta juntas/os:
- Elegir la planta.
- Preparar la tierra.
- Regar y cuidar su crecimiento con el paso de los días.
Este tipo de actividades transmite valores como el cuidado, la paciencia y la responsabilidad compartida, además de generar recuerdos positivos asociados a la relación.
4. Noche de historias familiares
Dedicar una noche (o una tarde) a las historias familiares permite a niñas y niños conocer su origen, entender su lugar en la familia y sentirse parte de algo más grande.
Se pueden contar:
- Historias de cuando eran pequeñas/os.
- Cómo se conocieron las personas adultas de referencia.
- Anécdotas divertidas o emotivas de la familia.
Escuchar estas historias fortalece el vínculo emocional y ayuda a construir una narrativa positiva sobre la propia vida.