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D虯 INTERNACIONAL DE LA AUJER

C醖iz, 08 de Marzo de 2017

La Liga Espa駉la de la Educaci髇 ante el D韆 Internacional de la Mujer

Ana Rodr韌uez Pen韓


La Liga Espa駉la de la Educaci髇 ante el D韆 Internacional de la Mujer

La secretaria de Igualdad de la Liga, Ana Rodr韌uez Pen韓 reflexiona en este art韈ulo sobre los obst醕ulos y dificultades con los que se encuentran las mujeres en la lucha por la igualdad. "Las cifras de la desigualdad no son el resultado de una evoluci髇 natural ajena a las decisiones que un gobierno o una empresa adoptan"


El que durante muchos años fue denominado “día internacional de la mujer trabajadora”, parece estar perdiendo su carácter reivindicativo para convertirse en una fecha apropiada para pasar revista a los avances conseguidos en relación con la igualdad, o para que los medios de comunicación muestren, por un día, a las cirujanas más sobresalientes, entrevisten a un par de catedráticas o investigadoras e incluso a feministas “radicales”. Cada vez más despolitizado, el 8 de marzo parece el contrapunto al 25 de noviembre: como si fuera posible olvidarnos de que del denominado “Pacto de Estado contra las violencias machistas” nunca más se supo; como si pudiéramos olvidar que cada vez que gritamos “ni una menos” al día siguiente nos encontramos con una asesinada más, y así van hasta 30 desde el último 25 de noviembre, contando sólo los asesinatos reconocidos oficialmente como violencia de género …o como si pudiéramos olvidarnos del retroceso sufrido por los derechos de las mujeres que viven sometidas al fanatismo religioso, en zonas de guerra o en las partes más empobrecidas del planeta.


La pobreza sigue teniendo rostro de mujer
Aunque es sabido que el mundo no se sostendría sin el trabajo de las mujeres –somos la mitad de la población mundial- parece que todavía hay que demostrar que el trabajo doméstico, el reproductivo, el trabajo de los cuidados ¡es trabajo! Realizado en más de un 90% por mujeres, ha de ser reconocido y valorado, porque sin él no se podría entender el otro, el productivo, el del mercado laboral, el asalariado. Y sin embargo, en ninguno de los dos últimamente se ha avanzado en igualdad. Pese al tan cacareado crecimiento económico la brecha de género ha aumentado: todos los datos indican que hay más mujeres en paro que hace cuatro años, con peores empleos y salarios más bajos, porque son las más afectadas por las políticas de recortes y austeridad que ha emprendido el Gobierno. Las discriminaciones y desigualdades que se dispararon durante la crisis se van consolidando. Si las mujeres de media cobran un 23,25% menos que los hombres (al mismo nivel que en 2002), esa es una razón de peso para dejar el trabajo cuando los cuidados lo requieren…o para aceptar un trabajo a tiempo parcial. Las mujeres tienen el 72% de este tipo de contratos y no son voluntarios. Por cada 26 mujeres que compatibilizan su jornada a tiempo parcial con la atención a los miembros de su familia, tan sólo un hombre lo hace. Casi la mitad de las desempleadas registradas no percibe prestación económica y sólo una de cada tres es contributiva. Así que, como trabajos precarios conducen a pensiones más precarias todavía, parece que el tópico “la pobreza tiene rostro de mujer” no nos va a abandonar. Las desigualdades laborales, además, dificultan o impiden la autonomía y se convierten en cadenas que llevan a muchas mujeres a aguantar las violencias en el hogar (más de la mitad de las mujeres maltratadas están en paro), son un factor de riesgo que dificulta la denuncia y la separación de un maltratador, forman parte de la devaluación de las mujeres y frena su percepción como personas valiosas, su empoderamiento.


Conciliación y corresponsabilidad
Luchar contra las desigualdades es una cuestión de justicia e implica luchar por un mundo mejor para hombres y mujeres, porque las cifras de la desigualdad no son el resultado de una evolución natural ajena a las decisiones que un gobierno o una empresa adoptan. Hay responsabilidades sociales, políticas y empresariales y hay formas de solventarlas, de minimizarlas o de revertirlas. Por ejemplo, si los recortes en los servicios sociales han atacado especialmente a las mujeres al reducir al mínimo o suprimir dotaciones de la ley de dependencia, si el gasto público dedicado a la promoción de la igualdad ha caído un 26% en los últimos años, más todavía que el resto de las políticas sociales, exijamos a los partidos políticos, al parlamento y al Gobierno que legislen al respecto. Exijamos para toda persona trabajo decente, atención a la primera infancia y a las personas dependientes con una red de cuidados públicos, promoción de la Educación sexual y afectiva para decidir con responsabilidad, Educación para la ciudadanía en todos los tramos de la enseñanza …Si la actual forma de conciliación juega en contra de las mujeres, porque las mantiene como sujeto preferente y/o único de atención a la crianza y al hogar, exijamos que las medidas de conciliación vayan orientadas a la corresponsabilidad, a la responsabilidad compartida en el cuidado y acompañamiento de menores y personas dependientes. Como la conciliación sin corresponsabilidad en los cuidados entre hombres y mujeres, consolida los roles de género afianzando las desigualdades existentes, es indispensable una profunda transformación social y cultural en la que deben participar el Estado, la sociedad, las empresas y las familias, porque la crianza y los cuidados son un deber y un derecho.


Voluntad política
Sabemos que el gobierno puede poner en marcha leyes y normas de funcionamiento que obligue a las empresas a respetar la igualdad salarial o revisar los convenios colectivos para detectar las desigualdades, las mujeres hemos de estar vigilantes para que los planes de igualdad no sean mero papel mojado… Pero ningún agente actúa en contra de lo establecido por la costumbre, sobre todo, si con ello cree que mantiene ventajas o no pierde poder.



Habrá que convencer y exigir.


Ana Rodríguez Penín


Secretaria de Igualdad de la la LEECP


 

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