Para destruir un error hace falta menos tiempo que para darle vida.

Gustavo le Bon

Comunicaci髇 - Editorial

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25 de noviembre o no, seguimos en guerra contra el machismo

voluntariado

25 de noviembre o no, seguimos en guerra contra el machismo


Cada a駉, al acercarse el 25 de noviembre, empiezan a resonar a bombo y platillo los datos de la ignominia machista. 髆o si fuera necesario hacer un resumen para tenerlos presentes! Los medios de comunicaci髇 y las instituciones que de una u otra forma ese d韆 sienten que la situaci髇 de las mujeres y especialmente la violencia de g閚ero les concierne (o vende) ponen el foco y le dedican un espacio y un tiempo. Y se debate.

Se pregunta si ahora hay m醩 machismo o menos que hace 40 a駉s, como si todo el trabajo de sensibilizaci髇 y formaci髇 realizado hasta ahora no hubiera servido para nada y, al mismo tiempo, concediendo carta de naturaleza inevitable a la violencia de g閚ero. O se plantea si el camino de la igualdad y de la valorizaci髇 de las mujeres est en marcha y por esa raz髇 asistimos a una vuelta de tuerca del machismo, a un machismo exhibicionista y falt髇 en las redes sociales y en algunas tribunas p鷅licas, a un rebote agudizado de neomachismo que va m醩 all del asesinato de las mujeres para vengarse en sus hijos, como si fuera una consecuencia inevitable de la liberaci髇 de las mujeres. Claro que tambi閚 hay quien niega que exista un repunte de machismo juvenil, pero que ahora se les pregunta lo que piensan o ellos lo manifiestan p鷅licamente a trav閟 de las redes sociales. Incluso se puede afirmar que el planteamiento por la igualdad est conduciendo a una guerra de sexos, reduciendo un problema estructural, sist閙ico y universal a un conjunto de actos individuales sin responsabilidad social alguna.

Pero, de una u otra forma, se debate y en ocasiones se alerta, por ejemplo, sobre la 韓tima dependencia que los derechos de las mujeres mantienen con la fortaleza o la debilidad de la democracia (Amelia Valc醨cel) y el hecho de que est閚 presentes o no en la agenda p鷅lica, como si lo que afecta a la forma de vida de la mitad de los seres humanos fuera un lujo ajeno a la calidad de las democracias.

. Que el tema est vivo y que adquiere cada vez mayor fuerza pol韙ica y social es f醕ilmente constatable. El espacio que a trav閟 de internet la prensa diaria dedica a cuestiones que el feminismo pone sobre la mesa es cada vez m醩 frecuente y en mayor n鷐ero de medios. La resonancia que internacionalmente han adquirido las denuncias de las mujeres en los casos de acoso sexual en el 醡bito cinematogr醘ico y pol韙ico no tiene parang髇. La fuerte movilizaci髇 que en los dos 鷏timos a駉s mantienen las mujeres en ciudades de toda Espa馻, convocadas desde plataformas feministas a trav閟 de las redes sociales, incorporan cada vez un mayor n鷐ero de hombres de todas las edades, son conducidas por mujeres j髒enes y muy j髒enes que tratan de mover a sus colegas de estudios, de trabajo o de diversi髇 y proclaman a los cuatro vientos su libertad y su ansia de autonom韆. Hemos visto que las redes sociales pueden echar humo y llenarse de protesta las plazas y calles en casos concretos como el de Juana Rivas o el juicio a 搇a Manada, casos donde el machismo se pone de manifiesto en la forma de aplicar las leyes o interpretarlas. S髄o la vigilancia y denuncia inmediata facilitada por las redes sociales ha permitido estos d韆s que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (nconcebible!), retire de la campa馻 揗enores sin alcohol el cartel que relacionaba su consumo en las chicas con el aumento de violaciones, mostrando tambi閚 en este caso, cu醤 enraizada est la idea de que la v韈tima es culpable.

Podr韆mos concluir, pues, que hay cada vez una mayor conciencia para denunciar el machismo all d髇de muestre sus ra韈es o ense馿 los dientes. Y sin embargo, al mismo tiempo, los datos que proporcionan las investigaciones resaltan una y otra vez la 搉ormalizaci髇, aceptaci髇 o ceguera de una gran parte de la juventud respecto a las conductas machistas y especialmente a la violencia de g閚ero. El Bar髆etro 2017 del Centro Reina Sof韆 sobre Adolescencia y Juventud afirma que el 27,4% de los y las j髒enes entre 15 y 29 a駉s cree que la violencia de g閚ero es una conducta normal en el seno de una pareja; el 31,5% cree que es un problema que aumenta progresivamente por culpa de la poblaci髇 inmigrante; el 21,2% considera que es un tema politizado que se exagera; y casi un 7% cree que es un problema inevitable que, aunque est mal, siempre ha existido. A su vez, la Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer de 2015 se馻laba que el 21,1% de las mujeres menores de 25 a駉s que han tenido pareja han sido v韈timas de violencia de g閚ero, frente al 9% de las mujeres en general. Y la cifra ascend韆 al 25% en las j髒enes de 16 a 19 a駉s en los 鷏timos 11 meses de la encuesta. Aumenta el n鷐ero de menores denunciados por violencia de g閚ero con adopci髇 de orden de protecci髇 o medidas cautelares, etc.

縃ay causas que expliquen esos datos? Las hay. En la Escuela de verano en Alcal tratamos de analizarlas: existe un retroceso en la Educaci髇 en Igualdad por un fallo de las pol韙icas preventivas a cargo de las Administraciones, al reducir durante a駉s las dotaciones presupuestarias, la formaci髇 del profesorado, la investigaci髇 para intervenir con eficacia dentro y fuera de las aulas, y sobre todo, al suprimir los espacios y tiempos para el aprendizaje de los valores fundamentales para una ciudadan韆 democr醫ica, la igualdad y la lucha contra la violencia de g閚ero, mientras potencia asignaturas y enfoques neoliberales bajo la excusa de 損reparar para el futuro. En consecuencia se detecta en gran parte de la juventud una absoluta falta de educaci髇 afectivo- sexual y una utilizaci髇 masiva de pornograf韆 como fuente de informaci髇, que genera tanto una sexualidad sin precauciones como una consideraci髇 absolutamente err髇ea de la sexualidad femenina, siempre humillante para la mujer y al servicio de un macho dominante. Al mismo tiempo, la sociedad no s髄o mantiene los estereotipos de la desigualdad, sino que los transforma para agudizarlos, la socializaci髇 de ni馻s y ni駉s se diferencia hasta lo rid韈ulo, al tiempo que el mercado trabaja en la hipersexualizaci髇 de las ni馻s, la adolescencia se adelanta y con ella el consumo simb髄ico de contenidos sexuales, las tecnolog韆s de la informaci髇 facilitan el ciberacoso, y mientras tanto, la construcci髇 social de las relaciones amorosas mantiene los mitos del amor rom醤tico.

Por esas y otras muchas razones, nuestro trabajo, el de la Liga Espa駉la de la Educaci髇 y el de la Fundaci髇 CIVES, no puede permitirse un respiro ni bajar la guardia. Porque el origen de todas las violencias y desigualdades es el mismo: la falta de reconocimiento de la dignidad y el valor de las mujeres como seres humanos, como fines en s mismos y no como objetos propiedad de nadie o como sujetos de menor categor韆 respecto a sus derechos de ciudadan韆. Para cambiarlo es necesaria toda una revoluci髇, la del trabajo diario, constante, sistem醫ico, realizado y evaluado con perspectiva de g閚ero. Y seguimos.

Ana Rodr韌uez Pen韓

Liga Española de la Educación y la Cultura Popular

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