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Opinión

Construyendo una Ciudadanía Global: los retos del S.XXI

Victorino Mayoral Cortés, presidente de la Liga de la Educación.

Estas Jornadas forman parte de un programa de Educación para el Desarrollo que realiza nuestra organización en Extremadura durante 2019 , cuyo objetivo es promover la información,  el conocimiento la reflexión crítica, el posicionamiento y la opinión ilustrada sobre los actuales fenómenos de movilidad humana y migraciones que están configurando crecientemente la realidad de sociedades plurales, diversas y globalizadas, con sus correspondientes problemáticas  que nos afectan, conciernen e interpelan, por lo que  no podemos,  ni debemos, ser ajenos a ellas, vivamos donde vivamos.

Estamos en momentos de gran preocupación. Porque, también en España, como en otros países europeos, el debate político sobre cuestiones migratorias ha comenzado a girar hacia planteamientos identitarios de conflictividad, rechazo y exclusión. Han surgido nuevas fuerzas políticas populistas, xenófobas, autoritarias y esencialistas que igualmente se nutren de alarmismos justificados en supuestas y falsas “invasiones” masivas (pese a que, en realidad, hoy día en España hay un millón menos de inmigrantes que en 2010), a las que es preciso responder con cruzadas y reconquistas, expulsiones y levantamientos de muros.

Como titulaba un informe del Consejo de Europa de 2011, el reto del siglo XXI reside en conseguir “Vivir juntos, combinando diversidad y libertad”, combinando la igualdad de derechos, como ciudadanos de sistemas auténticamente democráticos, con el derecho a la diversidad que no destruya la comunidad política, ni los espacios públicos de convivencia. A escala universal eso es la Ciudadanía Global, consistente en garantizar jurídicamente todos los derechos humanos fundamentales, junto con la promoción de los Objetivos de Desarrollo previstos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para todas las personas del planeta. Tal sería el camino para abordar gran parte de los problemas de convivencia que originan la diversidad y pluralidad creciente entre seres humanos de diferentes culturas, nacionalidades, etnias, religiones, opciones morales, clases sociales.

Los principios que inspiran la filosofía y la actuación de la Liga de la Educación son los de Solidaridad y Ciudadanía. Solidaridad, para que alcancen el estatus de Ciudadanía quienes no lo poseen. Ciudadanía activa, para poner en práctica la Solidaridad de quienes la necesitan para conquistar y hacer realidad sus derechos fundamentales.

La ciudadanía como construcción basada en las conquistas históricas y progresivas de los derechos civiles, políticos, sociales, culturales y medioambientales.

La ciudadanía como universalización de las conquistas de tales derechos, mediante su Declaración Universal en 1948 y su posterior desarrollo a través de las resoluciones, acuerdos y convenciones y la creación de las instituciones internacionales – la última de ellas el Tribunal Penal Internacional-, así come por la puesta en marcha de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030.

En la Liga de la Educación, no solamente tenemos claros los principios teóricos que defendemos y las fuentes ideológicas de los que se nutren. Somos también una organización no gubernamental, sin fin lucrativo, que forma parte de la sociedad civil organizada española y extremeña, profundamente comprometidos desde hace ya treinta años en intervenciones sobre el terreno, con programas de solidaridad insertos en políticas públicas mediante los que trabajamos objetivos cuya finalidad es la conquista de derechos de ciudadanía.

Algunos de estos programas son:

  • Cooperación internacional (El Salvador, Perú, financiados por la AEXCID).
  • Inmigración (Talayuela, Centro de acogida y orientación, Programa de Alfabetización y enseñanza de español, con cargo Fondos FAMI; Navalmoral de la Mata, con cargo a fondos de la Junta de Extremadura).
  • Interculturalidad (Red de Escuelas Interculturales, Aulas Abiertas Interculturales, también en Talayuela. Buenas prácticas de integración y sus correspondientes publicaciones e investigaciones, con fondos FAMI).
  • Educación para el Desarrollo (Programa Construyendo Ciudadanía Global, los restos del siglo XXI).
  • Educación para la Ciudadanía Democrática y los Derechos Humanos, más la Red de Escuelas de Ciudadanía y el título propio de la Universidad de Valencia en el ámbito de nuestra Fundación Cives.

A veces nos preguntamos, ¿la Ciudadanía Global es una utopía? ¿Una de esas utopías progresistas nunca alcanzadas, vinculadas a la herencia de la Ilustración, considerada hoy desfasada; en un mundo en el que, por el contrario, prevalece el deseo de la vuelta a un pasado ideal que tampoco nunca existió; la Retrotopía, a la que se refiere el filósofo polaco Z. Baumam?

Cualquier visión optimista queda debilitada ante la cruda realidad que hoy ofrecen las imágenes relacionadas con la movilidad humana y las migraciones, forzadas o voluntarias: inmensos campos de refugiados y desplazados, miles de víctimas de naufragios en el Mediterráneo, sustanciosos negocios de traficantes y tratantes con seres humanos, niños no acompañados, desarraigados sin papeles ni ciudadanía alguna, y frecuentemente padeciendo pobrezas y desigualdades apocalípticas.

En suma, una movilidad humana en el seno de la moderna globalización, sometida al desorden, la desregulación más irresponsable, la carencia de instituciones internacionales de canalización, orientación y regulación de los movimientos de población, compartidas entre países emisores y receptores. Y el egoísmo de muchos países del “primer mundo”, que no solamente ignoran deliberadamente este fenómeno humano de nuestros días, sino que además levantan muros para impedir la mínima solidaridad (como los países del grupo de Visegrado, Italia, Austria, los EEUU de D. Trump y algunos más).

El telón de fondo sobre el que se proyectan estas sombras nos lo describe Z. Bauman, de manera muy nítida en su obra “Retrotopía” (Paidós  2017) : la vuelta a las tribus, a la desigualdad, al seno materno y al mundo de Hobbes de guerra de todos contra todos, porque “nuestro mundo- el mundo del debilitamiento de los lazos humanos, de la desregulación y la atomización de las estructuras construidas por la vía política, o lo que es lo mismo, el mundo del divorcio entre la política y el poder-vuelve a ser un escenario de guerra: de una guerra de todos contra todos y, por tanto, no librada por ( ni contra) nadie en particular”.

Esta tragedia universal que describe Z. Bauman adquieres tintes aún más sombríos cuando aborda el fenómeno migratorio de los “Extraños llamando a la puerta” (Paidós, 2016), la obra en la que analiza críticamente el pánico que la llegada de las oleadas de refugiados  y migrantes de Oriente Medio, África y Asia ha provocado en las  consideradas  estables y seguras naciones europeas; o más recientemente el fenómeno de las corrientes migratorias centroamericanas hacia los Estados Unidos, que pretende obstruir Tremp con su polémico muro.

Los resultados están cotidianamente ente nuestra vista: degradación de los sistemas y garantías democráticas y de los derechos humanos, retroceso en las conquistas iniciadas de ciudadanía universal y la ley de la fuerza triunfando sobre los valores éticos y laicos que son la sustancia de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Y, desde luego, la generalización de las reacciones de miedo, inseguridad, xenofobia, racismo, extremismo, odio y violencia; el levantamiento de más y más muros, la búsqueda y exaltación de los “hombres fuertes” y autoritarios capaces de poner coto a esos visitantes “Problemáticos, molestos indeseados e inadmisibles” que quieren invadir y perturbar la “estabilidad” y la identidad de las sociedades tradicionales y monoculturales.

La humanidad está en crisis, decía Bauman, “y no hay otra manera de salir que la solidaridad entre los seres humanos” Se trata de una apelación a la ética cívica, a los valores de integración y de inclusión y, en definitiva, a estos y a los restantes valores superiores sobre los que se construye la ciudadanía, a cualquiera que sea el nivel, nacional o global, que la consideremos.

Para vivir juntos, combinando la libertad con la diversidad, como se titulaba el Informe que el Consejo de Europa que antes mencionábamos, y afrontar los preocupantes desafíos que representa el renacimiento de conductas de intolerancia y discriminación contra los grupos sociales diferentes, preferentemente inmigrantes. En suma, un mensaje racional, ético y atractivo: configurar una sociedad civil en la que la ciudadanía igual en derechos y libertades prevalezca sobre las diversas identidades particulares; porque la identidad debe ser asunto de cada persona, que debe estar en condiciones de elegir libremente, sin que ningún grupo, confesión, colectivo, tribu o Estado pueda obligarla a permanecer en ella, con exclusión de otras identidades posibles. Un buen principio de Ciudadanía Global.